La cobertura del narco en México: Un reto interminable

10. Diciembre 2009 | Por stl | Categoria: Tribuna

México es uno de los países más peligrosos para periodistas
México es uno de los países más peligrosos del mundo para periodistas. Los que escriben sobre el narcotráfico han sido obligados a desarrollar estrategias inimaginables para mantenerse con vida y seguir escribiendo. Jenny Manrique ha recogido algunos testimonios de periodistas mexicanos que cada día arriesgan sus vidas.

Para un periodista colombiano encontrarse con un colega mexicano es siempre una catarsis. Catarsis porque permite hablar de un ejercicio en el que enfrentamos miedos similares, y en el que cubrimos una realidad que está destruyendo a nuestras sociedades. Los dos países encabezan la lista de los lugares más peligrosos en el mundo para ejercer el periodismo por cuenta de la compleja cobertura del narco que nos expone a riesgos menos convencionales que los daños colaterales de una guerra.

En México no hay un conflicto armado interno como en Colombia pero la existencia del narcotráfico, que ha permeado todas las instituciones y mantiene una lucha sangrienta contra el Estado, hace que escribir sobre este complejo entramado de relaciones de los barones de la droga con sus cómplices y víctimas, convierta al periodista no pocas veces en blanco.

Aunque la lucha contra el narco inició en 1976, el tema durante la administración de Felipe Calderón se ha complejizado de tal manera que se estima que van más de 15.000 muertes durante sus tres años de gobierno, sazonadas con la sevicia extrema de siete carteles de la droga (número de organizaciones criminales reconocidas por la Procuraduría General de la República, que puede llegar hasta 30 (si la lista la hace la DEA), que operan en todo México, pero con fuerte presencia en las ciudades fronterizas con Estados Unidos.

Testimonios
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Alejandro Almazán Javier Valdéz Francisco Castellanos Francisco Sandoval
“No me interesa crucificar a los malos” “El periodismo no es un acto de fe” “Aquí se nace, se crece y se muere con miedo” “Defendemos la libertad de prensa.”
Periodista de la revista Emeequis. Colaborador del Diario Milenio y de la Radio Universidad de Guadalajara. Autor de la novela “Entre Perros”. Periodista del semanario Río Doce. Autor de los libros “Azoteas y Olvidos”, “Malayerba” y “Miss Narco”. Coautor del libro “El gabo en Sinaloa” Corresponsal de la Revista Proceso en el Estado de Michoacán. Ha trabajado para medios como Televisa, The Washington Post y Reuters. Reportero del Semanario Zeta y corresponsal de Milenio Televisión y la Agencia Alemana de Noticias (DPA) en Tijuana.
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“Colombianización” de México

Cuerpos ejecutados con tiros de gracia, desmembrados, desnudos, colgados en los puentes y  con los testículos cercenados. Una violencia infame que no cesa y llega con sus balas incluso a los centros donde los adictos están tratando de dejar el camino de las drogas, consumo que es sin duda uno de los combustibles de esta ofensiva insana. Consumo que tiene su mayor número de clientes en la tierra del Tío Sam, donde la corresponsabilidad se ha malentendido como la puesta en marcha de una política represiva de fumigaciones, descertificaciones y criminalización.

Muchos hablan de la colombianización de México. Fiscales y autoridades mexicanas han realizado múltiples reuniones bilaterales con sus pares colombianos con el ánimo de aprender como lidiamos con un fenómeno que en la década de los 90, nos despertaba cada mañana con una bomba en los principales centros urbanos del país. La sensación es que una lucha que acabó con los grandes capos como el emblemático Pablo Escobar o los hermanos Rodríguez Orejuela, está ganada. Pero sin duda la droga que se sigue cultivando en Colombia en importantes extensiones, ahora manejada por pequeños carteles dispersos y con pocas cabezas visibles y menos poderosas que en el pasado, es la misma que se sigue traficando hacia México y que incluso ya alcanzó con sus tentáculos peligrosas conexiones con grupos terroristas del Oeste de África.

Crímenes quedan impunes

No es fácil retratar esta realidad menos aún cuando son tus colegas los muertos, los desaparecidos o los levantados (término acuñado en México que implica un secuestro sin exigencia de rescate, sino como medio para hacer una advertencia severa o finalmente asesinarte). Según la Federación Latinoamericana de Periodistas FELAP, del 2000 al 2008 han sido 55 los colegas asesinados. Sólo en el 2009 han perdido la vida ocho periodistas: Norberto Miranda Madrid, Juan Daniel Martínez Gil, Ernesto Montañez Valdivia, Martín Javier Miranda Avilés, Eliseo Barrón Hernández, Carlos Ortega Melo Samper, Luis Daniel Méndez Hernández y Jean Paul Ibarra Ramírez.

Muchos de estos crímenes siguen irresueltos por la alta dosis de impunidad en las investigaciones y el panorama no parece mejorar: Recientemente la nueva Cámara de Diputados de México eliminó la Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación, que desde su creación en 2006 había apoyado iniciativas como la federalización de crímenes contra periodistas y el agravamiento de penas en reformas al Código Penal.

Fue precisamente México el escenario del taller “El blindaje periodístico ante la violencia ” organizado por la Universidad Autónoma de México (UNAM) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que buscaba brindar a los colegas recursos creativos y novedosos para realizar sus investigaciones, reportajes y crónicas de manera más segura en un contexto tan violento como el que vive el país centroamericano.

Sobredosis de realidad

Versados en estos temas muchos colegas en México, sobre todo quienes trabajan en la frontera, siguen siendo un ejemplo profesional imitable. Frenteros, con pluma y lengua sagaces, han desarrollado estrategias inimaginables para mantenerse con vida y seguir escribiendo sobre las rutas del negocio, marihuana, cocaína, narcocorridos, narcocultura, narcomantas y un sinnúmero de fenómenos únicos que tienen un prefijo devastador. Conocedores de las evoluciones y dinastías de los Amado Carrillo, los Arellano Félix, el Chapo Guzmán, los Zetas, la Familia Michoacana y una lista interminable de complicidades y corrupción, siguen plasmando en sus páginas esta “sobredosis” de realidad.

Con varios de ellos he tenido el honor de compartir incontables espacios de debate y del último taller, llamado “Narcotráfico y violencia en las ciudades de América Latina”, patrocinado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) a fines de octubre de 2009, surgieron estos diálogos que comparto con los lectores de re-visto. Sus testimonios son una mirada reflexiva a un ejercicio periodístico siempre lleno de retos y sorpresas.



jennymanrique2Jenny Manrique es la primera periodista latinoamericana becada con la Ochberg Fellowship por el Centro Dart para Periodismo. Este centro reconoce la importancia y promueve el que los medios les presten atención a las víctimas de la violencia y entrena a periodistas para abordar temas traumáticos. A sus 28 años, Manrique cuenta ya con una larga trayectoria profesional. Después de escribir para El Espectador se marchó a trabajar a Bucamaranga. Allí coordinaba la separata “Séptimo Día” del diario regional Vanguardia Liberal de Santander, Colombia. Tras publicar varios artículos sobre los abusos de las fuerzas paramilitares en la región del Magdalena Medio, al noreste de Colombia, tuvo que huir. En Lima recibió protección del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS). En 2008, Manrique obtuvo la prestigiosa beca de la fundación Elizabeth Neuffer Fellowship, un programa para mujeres periodistas que cubren temas de justicia social, patrocinado por la International Women’s Media Foundation. Depués volvió a Colombia, donde reside actualmente.

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