Nuevas normas para la producción de noticias

9. Octubre 2009 | Por stl | Categoria: Tribuna

“Los periodistas tienen que dejar de ser tan vagos y poco imaginativos. Aquí, 22 ideas para cambiar el modo en que se produce la información”, escribe el “padre del periodismo ciudadano”, Dan Gillmor, en el Guardian, y nosotros les ofrecemos una traducción de su veintena de propuestas.

Seguramente les haya llegado- probablemente apenas lo hayan echado de menos- el aluvión de reportajes aparecido el último mes con motivo del aniversario de la quiebra de Lehman Brothers, un hecho que contribuyó a provocar el colapso financiero del año pasado. Esta cobertura me recordó cómo los periodistas descuidaron su trabajo en el periodo anterior a que se desatara la crisis, y cómo lo siguen descuidando desde entonces.

También me recordó algunas cosas que me desquician del periodismo clásico. Así que, aquí tienen una lista de 22 principios, redactados sin seguir un orden particular, que insistiría en aplicar en caso de ser yo quien dirigiese una empresa informativa.

  1. Nosotros no haríamos reportajes ni comentarios dedicados a aniversarios, salvo en ocasiones muy excepcionales. Son un refugio para los periodistas vagos y poco imaginativos.
  2. Invitaríamos a nuestra audiencia a participar en el proceso periodístico por medio de una gran variedad de métodos, entre ellos, el ‘crowdsourcing’, los blogs, las wikis y muchas otras técnicas. Dejaríamos claro que no buscamos mano de obra gratuita, y trataríamos de establecer un sistema que recompensase a quienes hicieran contribuciones con algo más que con una palmadita en la espalda, pero, por encima de todo, nuestro objetivo sería promover un flujo multilateral de noticias e información en el que el público jugase un papel fundamental.
  3. La transparencia se convertiría en el elemento central de nuestra forma de hacer periodismo. Un ejemplo de muchos: cada uno de nuestros artículos iría acompañado de un apartado llamado ‘Cosas que no sabemos’, una lista de preguntas a las que nuestros periodistas no hubieran logrado dar respuesta. Los reportajes de radio y televisión mencionarían estas cuestiones. Independientemente del medio utilizado, en el portal de nuestra empresa se invitaría a la audiencia a rellenar los vacíos de información que existen en toda historia.
  4. Crearíamos un servicio para informar a nuestros usuarios, en caso de que se hubiesen registrado para ello, sobre los errores de los que aprendiésemos durante la realización de nuestro trabajo periodístico. Los usuarios podrían elegir entre recibir notificación sólo de los grandes errores (grandes según nuestro criterio) o de todos los errores, independientemente de lo insignificantes que los considerásemos.
  5. Haríamos del diálogo una parte fundamental de nuestra labor. Entre otras cosas:  -Si fuéramos un periódico local, nuestras páginas editoriales publicarían lo mejor, y serían una guía, del diálogo que la comunidad mantiene consigo misma a través de Internet o de los foros públicos, sin importarnos que estos fueran parte de la plataforma de una empresa informativa determinada o de cualquier otra cosa.
    • Los editoriales tendrían formato de blog, así como las cartas al editor.
    • Fomentaríamos los blogs y los foros, pero siempre bajo condiciones que animasen al uso de nombres reales y recalcaran (y potenciaran) el civismo.
    • Les daríamos prioridad a los comentarios de aquellas personas que hicieran uso de forma probada de su nombre real.
  6. Rehusaríamos llamar periodismo a la taquigrafía. Si una parte o partido en conflicto miente, lo diríamos tal cual, incluyendo la evidencia correspondiente. Si constatásemos que un número significativo de miembros de nuestra comunidad creyera algo que no es cierto sobre una persona o asunto importante, convertiríamos en parte de nuestra labor clarificadora el ayudarles a entender la verdad.
  7. Reemplazaríamos el discurso publicitario y el vocabulario ‘orwelliano’ por un lenguaje más neutral, más preciso. Si nuestro entrevistado tergiversase las palabras, lo parafrasearíamos en lugar de citarlo directamente.
  8. Adoptaríamos la práctica del ‘hyperlink’ [el 'hiper-enlace'] por todas las vías factibles. Nuestra página incluiría un listado lo más comprensible posible de los otros medios presentes en nuestra comunidad. Crearíamos enlaces a todos los blogs relevantes, los photostreams, los vídeos, los servicios de bases de datos o cualquier material que encontrásemos y que, según nuestro criterio editorial, contribuyese a destacar aquello que considerásemos de especial interés para los miembros de nuestra comunidad.
  9. Nuestros archivos serían de acceso libre; con enlaces que se remontasen lo más atrás en el tiempo posible a cada una de las cosas que hubiéramos escrito; con interfaces de programación de aplicaciones (API) que facilitasen el que la gente hiciera uso del periodismo de esas formas que a uno nunca se le hubieran ocurrido.
  10. Nos gustaría ayudar a que los miembros de nuestra comunidad se convirtieran en usuarios, y dejasen de ser consumidores pasivos; contribuir a que entendieran por qué y cómo llevar a cabo ese cambio. Colaboraríamos con las escuelas y con otras instituciones que reconocieran la importancia del pensamiento crítico.
  11. Nunca publicaríamos listas de los 10 mejores, principales, etc. Son el sustento de las personas vagas y sin imaginación.
  12. Salvo en situaciones extremas- como que la vida, la libertad o la susbistencia de un informante pudieran estar en peligro- no haríamos en ningún caso mención a fuentes no identificables. Para quebrar esta regla, la fuente nos tendría que dar una razón contundente de que ello es necesario, y nosotros la expondríamos en nuestra cobertura informativa. Aún más, si nos decidiéramos a garantizar el anonimato, incluiríamos la siguiente indicación al usuario: creemos que ésta es una de las extrañas ocasiones en las que el anonimato está justificado, pero le invitamos a ejercitar la dosis apropiada de escepticismo.
  13. Si le garantizásemos el anonimato a una fuente y descubriéramos posteriormente que nos ha mentido, daríamos nuestro acuerdo de confidencialidad por roto y haríamos público el engaño, y su identidad. Las fuentes estarían informadas de esta política antes de que se llevase a cabo la publicación. E iríamos incluso aún más lejos, siguiendo los casos en los que fuentes anónimas hubieran timado a nuestros competidores y haciendo lo posible por revelarlas.
  14. La palabra ‘tener que’ (‘must’)- como, por ejemplo, en ‘el presidente tuvo que hacer esto o aquello’- debería estar prohibida en los editoriales y en los artículos de opinión de nuestros propios periodistas. Estaríamos profundamente reticentes a aceptar su uso por parte de nuestros colaboradores. Es un verbo vacío y sólo enfatiza la impotencia. Si queremos que alguien haga algo, hemos de intentar persuadirlo y explicarle por qué la nuestra es una buena idea y cuáles serían las consecuencias de ignorar nuestros consejos.
  15. Haríamos con regularidad referencias al trabajo de nuestra competencia, incluido (o especialmente) a las mejores aportaciones de sus colaboradores- como, por ejemplo, blogueros que se dedicasen a cubrir nuevos nichos. Si tratásemos el mismo tema, enlazaríamos nuestros contenidos a lo suyos para ofrecerle al público un acceso fácil a dos perspectivas. Y también mencionaríamos la labor de nuestra competencia cuando ésta informase sobre cuestiones que a nosotros se nos hubieran pasado.
  16. Además de referirnos con frecuencia a nuestros competidores, pondríamos especial atención en llevar a cabo una cobertura y un seguimiento estrechos de sus trabajos más destacados, en lugar de la extendida práctica actual de hacer como si no existieran. La regla básica: cuanto más deseemos ser nosotros mismos quienes hayan tratado un tema periodístico, más deberemos destacar la labor realizada por otros. Esto tiene dos efectos positivos. Primero, subrayamos ante nuestra comunidad la relevancia de ciertos asuntos. Segundo, le damos a entender al público cuál es el valor del periodismo serio, sin que importe quien lo practique.
  17. Cuanto más importancia para nuestra comunidad le concediésemos a un asunto, mayor sería nuestra preseverancia a la hora de tratarlo. Si concluyésemos que los derroteros tomados por una determinada política resultasen peligrosos, emprenderíamos una campaña para persuadir a la gente de la necesidad de un cambio de curso. En el claro caso de la burbuja financiera que se fue hinchando a lo largo de la presente década, esto hubiera significado no cesar en la realización de enérgicos llamados de atención sobre sus evidentes peligros.
  18. Cada persona o tema que apareciese con frecuencia en nuestra cobertura informativa iría acompañado de una ‘línea de fondo’ (‘baseline’): un artículo o un vídeo que sirviera de inicio en la cuestión a la gente no familiarizada con la misma, y que fuera el punto de partida para cualquier reportaje posterior sobre el asunto. Podría ser una versión modificada de Wikipedia, un texto que complementase a la información de actualidad con datos importantes. La idea sería contextualizar, ofreciéndole al público una vía rápida para adentrarse en la materia o refrescar lo que sabía sobre las circunstancias de un asunto determinado.
  19. Siempre que tuviera sentido hacerlo, informaríamos a nuestra audiencia sobre sus posibilidades de acción con respecto a los temas tratados. Esto lo presentaríamos usando el clásico apartado ‘Lo que usted puede hacer’.
  20. Haríamos todo lo posible por contribuir a que nuestra audiencia supiera quién está detrás de las palabras o las acciones. Muchas veces, personas o instituciones tratan de influenciar al resto ocultando su participación en el debate, y nosotros nos esforzaríamos por revelar quién pone dinero y quién mueve los hilos. Si nuestra competencia renunciase a hacer pública esta información, o no le preguntara a sus fuentes por estas cuestiones, nosotros mencionaríamos en nuestra cobertura dichas deficiencias periodísticas.
  21. El cálculo pone a la veracidad en peligro. Los periodistas recurren constantemente a evidencias que no son más que anecdóticas pero llevan al público a creer que ciertas cuestiones suponen un problema mucho mayor de lo que lo son en realidad. Al final, la gente no sabe qué comportamientos o situaciones conllevan, según las estadísticas, riesgos realmente significativos. Y los legisladores responden a menudo a los miedos provocados por los medios aprobando leyes que hacen más mal que bien. Nosotros convertiríamos en práctica habitual el no extrapolar las amenazas exageradas contenidas en misteriosos y trágicos hechos anecdóticos; hablaríamos con frecuencia de los grandes riesgos a los que nos enfrentamos y los compararíamos con los estadísticamente menores; y les restaríamos crédito a las historias de terror más insignes que suscitan innecesariamente el miedo o el pánico.
  22. Nada de artículos de opinión o comentarios de altos cargos políticos o directivos. De acuerdo, éstas suelen ser piezas secundarias. Pero este tipo de gente casi nunca escribe realemente lo que se publica con su nombre. Sirviéndonos de este material nos volveríamos aún más dehonestos que ellos. Si quieren hacer públicas sus políticas, que las cuelguen en su página web. Nosotros nos referiríamos a ellas encantados.

Dan Gillmor Foto: Joli/Flickr.com CCCMuchos dicen que Dan Gilmor es el padre del periodismo ciudadano. Su libro ‘We the Media: Grassroots Journalism by the People, for the People’ se ha convertido en una obra de referencia mundial. Es actualmente director del Knight Center for Digital Media Entrepreneurship y también del Center for Citizen Media, de la Universidad de Harvard. Actualmente está trabajando en un nuevo libro sobre los medios de comunicación en la era digital.

Texto original en el Guardian (en inglés)

Este texto se ha publicado bajo una Licencia de Creative Commons

Traducción: Luna Bolívar

[Post to Twitter]  [Post to Delicious]  [Post to Digg]  [Post to Ping.fm] 

Tags: , , ,

Deje su comentario