Apertura, colaboración y el nuevo ecosistema mediático

1. Diciembre 2010 | Por lbo | Categoria: Tribuna

Una de las etapas más exitosas de guardian.co.uk lleva su firma: el editor en jefe Alan Rusbridger escribe sobre los cambios en el paisaje mediático, y da algunos ejemplos de cómo la simbiosis medios sociales-periodismo puede funcionar.

En 2009 se olía el miedo. Cuando colapsaron los bancos y golpeó la recesión, también las grandes compañías mediáticas temblaron un poco. Todos nosotros sabíamos desde hacía tiempo que en algunos ámbitos la actual revolución podía llegar a tener duras consecuencias. Pero en el momento en que las páginas impresas y web empezaron a perder publicidad, en muchos se impuso el instinto de supervivencia sobre todo lo demás.

En 2010, relajarse resulta aún difícil, pero podemos detenernos un instante a tomar aire y contemplar el paisaje. ¿Qué cosas han cambiado?

Bueno, mucho depende de cómo haya visto cada cual la revolución desde el principio. El considerar éste como el mejor o el peor de todos los tiempos se ha convertido en un cliché de la vida mediática. Quienes estén aprovechando las oportunidades y las posibilidades que ofrece la transformación digital creerán en la viabilidad de avanzar ahora más rápido que nunca. Los que aún titubean o fueron escépticos desde el comienzo pedirán quizás que se pise el freno.

Yo tiendo, por naturaleza, a la primera de las posiciones. Los que defienden la segunda cuentan con una ruda palabra para definirnos: utópicos. Opinan que tenemos la cabeza llena de pajaritos que nos impiden ver lo que para ellos resulta absolutamente obvio: que el tiempo de andar jugando se ha acabado, que ha llegado la hora de enfrentarse a la dura realidad.

Los utópicos no podemos dejar de pensar en las nuevas posibilidades: nos pasamos literalmente las noches despiertos esforzándonos por tener ideas sobre lo que se podría hacer. ¿Y qué? Incluso cuando nos rendimos al sueño, otros continúan la tarea.

Creemos que el futuro es un campo de experimentación sin fin, que este viaje apenas acaba de empezar. Para nosotros resulta evidente que el nuevo ecosistema mediático presenta dos rasgos que sería estúpido ignorar, independientemente de la posición en la que se sitúe cada uno: la apertura y la colaboración.

Apertura es el modo de designar el hecho de que la mayoría de la información es, y seguirá siendo, parte de una gran red, creada en sólo una diminuta proporción por periodistas. Puede que la información no desee ser libre, pero sí desea ser enlazada. Resulta difícil imaginarse cualquier información que en el mundo moderno no adquiera más significado, poder, riqueza, contexto, sustancia e impacto si es enlazada inteligentemente a otra información.

Colaboración se refiere a la manera de hacer que la apertura vaya más allá. Colaborando con esta gigantesca red de información enlazada- y con aquellos que están generándola y compartiéndola- podemos ser infinitamente más poderosos que si nos empeñamos en lograrlo nosotros solos.

El más bien burdo nombre que en The Guardian le hemos dado a esta cuestión de la apertura/colaboración es “mutualización”. Con él tratamos de captar la energía y las posibilidades que en nuestra opinión existen en el trabajo conjunto con los lectores y otros agentes, con el objetivo de convertirnos en un nuevo tipo de organización informativa.

Aquí, algunos ejemplos de temas en los que la “mutualización” dio sus frutos:

Una investigación sobre la evasión legal de impuestos en el mundo empresarial. Sobre el infinitamente complejo entramado de la contabilidad internacional, la legislación y las altas finanzas algunos de nuestros lectores sabían más que nosotros. Les pedimos ayuda a la hora de recopilar e interpretar la información. Y funcionó. Recibimos indicaciones muy interesantes y los lectores nos ahorraron mucho tiempo, problemas y costos explicándonos el significado de documentos y transacciones.

La muerte de Ian Tomlinson. La cobertura tradicional falló estrepitosamente a la hora de esclarecer hechos tras la muerte de un hombre inocente durante la cumbre del G20 en 2009 en Londres. Fueron necesarios un reportero, Twitter y la colaboración de miles de lectores para dar con las imágenes que recogían el momento exacto en que un policía golpea a Tomlinson. En menos tiempo del que se requirió para todo esto no consiguió el periodismo tradicional revelar la verdad.

Trafigura. Una “super-injunction” (“súper medida cautelar”), concedida por los tribunales británicos gracias al agresivo proceder de los abogados de Trafigura, protegía a esta compañía petrolera de la publicación de documentos y preguntas parlamentarias acerca del vertido de residuos tóxicos en África, de los daños ocasionados y de las muertes que se denunciaban en relación con él. De nuevo, el uso de Twitter llevó a que miles de personas sacaran a la luz datos sorprendentes y la compañía acabó renunciando a su acción legal. La colaboración de miles de desconocidos logró algo que a un periódico en solitario le hubiera costado muchísimo, aunque se requirieron herramientas del periodismo de investigación tradicional en la primera fase.

Las dietas de los parlamentarios. Visionar 400.000 actas parlamentarias supone para cualquier redacción convencional una tarea imposible de llevar a cabo. A través de un widget, 23.000 lectores de The Guardian pudieron ayudarnos a identificar los documentos importantes.

Comment is free. Como complemento a la sección de opinión, que está formada por una plantilla de unos cuantos escritores, creamos una página web en la que cientos de expertos, la mayoría de ellos no periodistas y la mayoría de ellos no remunerados, expresan sus puntos de vista y otros miles de lectores participan en las discusiones. El resultado es un sitio de comentarios mucho más rico y diverso de lo que un medio impreso podría conseguir sin involucrar un alto número personas.

Medio ambiente. Con la sincera intención de darle cobertura a un resorte tan importante como éste pusimos en marcha una página web. Pero incluso dotados de entre cinco y seis redactores a tiempo completo comprendimos que solos no seríamos capaces de hacerle justicia. Así que creamos la Red Medioambiental de The Guardian, a través de la cual presentamos lo mejor de sitios y blogs excelentes que ya están cubriendo el tema. Y lo conseguimos: el contenido es más profundo, mejor y por lo general más comprensible de lo que jamás hubiéramos logrado nosotros. Nuestros socios se benefician ahora de un tráfico mucho mayor (actualmente contamos con entre 32 y 35 millones de visitas únicas al mes) y compartimos con ellos los ingresos por publicidad.

Viajar. Tradicionalmente, la sección de viajes envía a redactores a lugares lejanos para que escriban sobre ellos. ¿Por qué no aprovechar el saber de la gente que ya vive allí o que conoce los sitios mejor que ningún periodista de visita? Hoy podemos contar con gran cantidad de información sobre una ciudad en particular- recomendaciones de bares, museos, hoteles y actividades- de una manera mucho más comprensiva y más fundamentada de la que nunca hubiéramos soñado en el pasado.

Todos estos son ejemplos de apertura y colaboración en el periodismo. La mayoría de ellos echaron a andar por iniciativa de nuestros redactores: el principio pudo ser una historia o una investigación a la vieja usanza. En otros casos, sin embargo, nuestra participación se limitó a editar o a moderar las respuestas.

Nos estamos adentrando en un mundo en el que nosotros, los periodistas formados al modo tradicional, no somos los únicos expertos ni las únicas autoridades. Aprovechando el conocimiento y las ideas de terceros podemos construir algo mucho más rico que en solitario. Ha llegado el momento de que empecemos a vernos como una plataforma para que los demás también puedan publicar.

Existen desafíos relacionados con la manera en que el periodismo va a formar parte de todo esto. Una de las preguntas fundamentales es qué pensar sobre la divisa básica de esta profesión: la historia. Hace diez años, algunos de nosotros poníamos en cuestión lo que era una historia: era un vía eficiente, estructurada como una pirámide, de contarle a los lectores lo que había pasado en un punto espacial y temporal determinado. Con frecuencia tenía un principio, un cuerpo y un final. Y esto solía servir poco a modo de respuesta. Al día siguiente, pasabas a la siguiente historia.

Este mundo ordenado ha cambiado completamente. Hoy, los periodistas inteligentes suelen involucrar a sus contactos, a sus lectores y a sus “comunidades” en la investigación, es decir, que la vida de un artículo empieza a veces incluso antes de que sea publicado. Puede que un reportero decida no escribir sobre un tema, pero sí colgarlo en su blog. En un blog no hace falta informar convencionalmente: se pueden colocar enlaces a otros reportajes y a otras fuentes de información. Pocos minutos después de publicarse, la mayoría de las historias se ven enfrentadas al reto de ser objeto de ampliaciones, clarificaciones o correcciones. Cómo reaccionemos o incorporemos este reto es una cuestión elemental. Así, una historia quizás carezca de un punto y final evidente. El pedazo de periodismo resultante es entonces más fluido que sus antecesores. Recuerda mucho más a la realidad, donde por lo general no abundan los cortes limpios ni los eventos con una sola versión narrativa y un final tajante.

Cuanto más aprendamos a involucrar a otros en lo que hacemos, más rico y fidedigno será nuestro periodismo. Éste es sin duda el camino que sigue el resto de la Web. En nuestras manos queda el experimentar sin fin y convertirnos en pioneros de una nueva forma de contar historias.

Conseguir todo esto sin permanecer abierto a, o ser colaborador con la incontable cantidad de gente embarcada en el viaje es muy difícil. Y no me parece que sea algo particularmente utópico. Yo lo veo más bien como una cuestión básica de supervivencia.

CC flickr.com @toastwifeAlan Rusbridger es editor en jefe del periódico londinense The Guardian. Su era en esta posición se destaca por el visionario desarrollo de la edición digital del diario, elegida en dos ocasiones como la mejor del mundo. A Rusbridger también se le relaciona con numerosas batallas, y victorias, legales en casos de alto nivel relacionados con cuestiones como la libertad de expresión y la corrupción gubernamental.

Fuente: Este ensayo fue publicado por primera vez como parte del informe Brave News Worlds: Navigating the New Media Landscape (pdf), del International Press Institute. El texto original lo encuentra también en la página del instituto Poynter.

Traducción: Luna Bolívar Manaut

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