China y su interés por los medios latinoamericanos

12. Octubre 2010 | Por lbo | Categoria: Tribuna

No sólo por la vía económica y política discurre el interés chino en América Latina: el sector mediático de algunos países de la región es también objeto de la ofensiva de acercamiento lanzada por Pekín. Un estudio realizado en EEUU analiza la situación.

Las tácticas no son nuevas: colaboración económica, trato preferente a los periodistas, instauración de institutos al estilo del alemán Goethe o del español Cervantes. Sin embargo, Winds From the East, un informe publicado por el estadounidense Center for Internacional Media Assistance (CIMA), distingue en China un interés mayor al de otras naciones por América Latina y, en consecuencia, un recurso más habitual a estos métodos, a fin de estrechar lazos con la región.

A continuación, pueden leer una traducción del capítulo que el citado estudio dedica a Latinoamérica:

Mientras que los programas económicos, militares y políticos de la República Popular China se extienden a lo largo de toda América Latina, los medios de comunicación del país asiático centran su interés principalmente en Venezuela y los Estados del llamado “eje bolivariano” que lidera el presidente venezolano, Hugo Chávez, y al que también pertenecen Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

Las principales herramientas de las que se sirve China a la hora de interactuar con el sector mediático latinoamericano son:

  • colaboración en la financiación y el lanzamiento de satélites de comunicación, que proporcionan a los países beneficiarios mayor capacitación, al tiempo que amplían la influencia de los medios chinos en América Latina.
  • subvención a periodistas latinoamericanos de viajes a China y de asistencias a conferencias mediáticas en el país asiático.
  • apertura de Institutos Confucio- centros culturales patrocinados por Pekín- en toda la región.
  • visitas al subcontinente de altos funcionarios chinos, que buscan promover el apoyo al trabajo conjunto en el ámbito mediático.

Hasta principios del siglo XXI, América Latina fue una región secundaria o incluso terciaria a los ojos de la política exterior y económica china. Sin embargo, el drástico aumento de la demanda interna de recursos como el cobre, el hierro y el crudo y de productos alimentarios experimentado en los últimos años llevó a China, en un intento por asegurarse el suministro de las materias primas necesarias para su crecimiento, a darle un importante impulso a las relaciones con Latinoamérica.

Al mismo tiempo, América Latina se ha convertido en un mercado cada vez más atractivo para los bienes chinos, así como en un mercado abierto a los exportadores. El intercambio comercial total entre la región y China ha pasado de 10.000 millones de dólares en el año 2000 a más de 100.000 millones en 2009, momento en el que los asiáticos sustituyeron a Estados Unidos como principal socio económico de Brasil.

En otro plano de consideraciones, la política de “una sola China” sigue constituyendo un compromiso primordial de Pekín, que se esfuerza por que la República Popular sea considerada internacionalmente como el único Estado chino existente. En el aislamiento diplomático de Taiwán se han logrado importantes avances, pero Latinoamérica continúa siendo la zona más problemática en este ámbito. De los 23 Estados que reconocen a Taiwán, 12 son latinoamericanos o caribeños: Belice, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.

Debido al tamaño relativamente pequeño de los países de América Central y el Caribe, China y Taiwán libran con frecuencia guerras de asistencia para lograr el reconocimiento diplomático. Por ejemplo, en 2004 China ofreció a Dominica 11 millones de dólares en ayuda inmediata y un paquete de 100 millones para los siguientes seis años, mientras que Taiwán se plantó en los 58 millones de dólares. Por otro lado, con la puesta en marcha de la política de un solo país, la minúscula isla de Santa Lucía cambió de bando: del chino al taiwanés. La decisión suscitó una airada respuesta de Pekín, que advirtió a otros Estados de dar pasos en esa dirección. Actualmente, China realiza destacados esfuerzos para que los gobiernos populistas de izquierda de Nicaragua, El Salvador y Paraguay rompan lazos con Taiwán.

Relaciones con los medios

El acto más visible y caro de colaboración china con los medios latinoamericanos ha sido la venta y puesta en órbita de un satélite de comunicación en Venezuela, y la firma de un acuerdo similar con Bolivia; dos países que han sido objeto de duras críticas internacionales por sus intentos de restringir la libertad de prensa y de silenciar a la oposición, además de por los constantes ataques de sus respectivos líderes a la libertad de información y de la actividad periodística.

Los satélites hacen llegar el contenido en español que el Ejecutivo chino produce para América Latina, claramente una prioridad de Pekín. Pero estos otorgan también beneficios colaterales a los gobiernos locales, que reciben la oportunidad de hacer llegar a todo el país y más allá de sus fronteras una programación controlada por el Estado que ejerce de fuerte contrapunto a la visión de los ya de por sí mermados medios independientes. El satélite venezolano Venesat-1, cuya esperanza de vida supera los 15 años, fue lanzado con gran pompa en octubre de 2008. Según Caracas, el aparato iba a facilitar la participación de las áreas rurales en los programas de educación, a permitir la atención médica a largas distancias y a actualizar de la red nacional de comunicaciones.

Sea como fuere, existe en este hecho un componente indiscutible: el intento del Gobierno de Venezuela de ampliar su control sobre la actualidad informativa y de extender el alcance de Aló Presidente- el maratón de Chávez que radio y televisión retransmiten en directo cada semana- a toda la región. El presidente venezolano aseguró que la construcción, el lanzamiento y la asistencia técnica del satélite le han costado al país 400 millones de dólares, y que éste “le pondrá punto y final al terrorismo mediático y nos ayudará a dar a conocer nuestra propia verdad, para equilibrar la batalla de ideas con eficiencia y transparencia”.

Sin embargo, puede que a fin de cuentas la inversión no haya sido tan buena. Un año después, las dificultades técnicas impiden que el satélite ofrezca la televisión, la conexión rápida a Internet y los servicios de comunicación anunciados, y Caracas ha dejado de mencionar el proyecto.

Este revés no impidió a Bolivia llegar en abril 2010 a un trato igual con China. El presidente del país andino, Evo Morales, plasmó su firma sobre un acuerdo por valor de 300 millones de dólares con la compañía china Great Wall, la empresa productora de Venesat-1, para la construcción de un satélite de comunicación Tupac Katari, cuyos objetivos son equiparables a los del venezolano.

Como Chávez, Morales mantiene con los medios independientes, a los que llamó sus enemigos, una relación turbulenta, y el mandatario deja pocas dudas acerca de que el nuevo satélite será utilizado para incrementar la influencia de las producciones mediáticas gubernamentales. “La Iglesia católica y la prensa son la única oposición que me queda”, declaró Morales.

Recibiendo a delegaciones de periodistas

Teniendo en cuenta los recursos limitados y el foco local de muchos medios latinoamericanos, la oferta de viajes al extranjero es un método efectivo para inducir a la publicación de historias positivas. Durante años, China y Taiwán han acogido a periodistas a título individual o en delegaciones, en ocasiones exigiendo a los reporteros un número concreto de artículos favorables sobre el país anfitrión a cambio de asumir los costes que conlleva una estancia de entre una semana y 10 días.

Pero en los últimos tiempos, Pekín no sólo invita a delegaciones de periodistas latinoamericanos a dialogar con sus altos funcionarios, sino que también organiza frecuentes series de conferencias destinadas a otorgarle legitimidad y actualidad al modelo de gestión mediática propio. Puesto que la referencia a todas y cada una de estas visitas no es posible, en los pasados cinco años los servicios estatales de noticias han informado de seis recepciones de delegaciones latinoamericanas, así como de un número importante de llegadas de periodistas para participar en conferencias. Uno de estos artículos, publicado en 2006 por la agencia de noticias Xinhua, repite hasta la saciedad la coletilla de la unidad, la amistad y la necesidad de cooperar mutuamente. El texto da cuenta del encuentro de un grupo de “destacados profesionales de la información” procedentes de ocho medios de comunicación de seis países latinoamericanos con el viceministro de Exteriores chino, Yang Jiechi:

Saludando los lazos y la cooperación chino-latinoamericana en diversidad de campos, Yang dijo haber considerado siempre a América Latina un buen socio y amigo. En pro del interés de los pueblos chino y latinoamericano deben estrecharse estos lazos amistosos, declaró Yang. China está dispuesta a hacer, junto con América Latina, cuantos esfuerzos sean necesarios para promover una colaboración amistosa y beneficiosa para ambas partes.

Tres años después, un miembro mucho más destacado del Partido Comunista hizo de interlocutor de una delegación similar, quizás un intento del Gobierno chino de señalar que estas personas le merecen un trato más destacado. La cobertura de los medios estatales fue esta vez mucho más larga y detallada que en ocasiones anteriores.

El alto cargo y líder del PCC Li Changchun recibió a la delegación de 2009 en el Gran Salón del Pueblo. El grupo estaba compuesto por representantes de “medios líderes” de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, que visitaban China “a invitación de la Oficina de Información del Consejo de Estado”.

Recreándose en términos familiares, Xinhua informó que Li dijo estar “esperanzado de que los delegados aprovechen esta oportunidad para entender mejor el progreso económico y social de China […] En los últimos años, los medios [chinos y latinoamericanos] han llevado a cabo fructuosos intercambios que fomentan el entendimiento”.

El papel cada vez mayor de los Institutos Confucio

Un área en la que China está concentrando sus recursos es en la creación de Institutos Confucio: instituciones gubernamentales que promueven la lengua y la cultura chinas, así como la comprensión del país asiático, y que sirven de puente en las relaciones con los medios de comunicación locales. El primero de estos institutos se inauguró en Ciudad de México en febrero de 2006.

A partir de esta apertura, el programa se ha desarrollado rápidamente. En los últimos dos años, China ha establecido 17 de estos institutos en ocho países latinoamericanos, cubriendo con ello el completo espectro político de la región. Hoy, existen cinco centros en México, tres en Perú, dos en Colombia, dos en Chile, dos en Brasil, uno en Argentina, uno en Cuba y uno en Costa Rica.

Pese a que primer objetivo de los institutos, que están orientados globalmente, es impartir clases de chino a la población local, constituyen al mismo tiempo una pieza clave en la estrategia de “poder blando” de Pekín. Además del idioma, en ellos se enseña y se acerca a la prensa la cultura china, con el objetivo de verter algo de luz positiva sobre el país asiático. La estrategia no se diferencia de las fundaciones binacionales que el Gobierno de Estados Unidos solía promover antes de la Guerra Fría, dedicadas a dar clases de inglés, otorgar becas de estudio y propagar la literatura inglesa, las películas populares norteamericanas y demás material cultural.

Autores: Douglas Farah, Andy Mosher

Fuente: Winds From the Eeast. How the People’s Republic of China Seeks to Influence the Media in Africa, Latin America, and Southeast Asia [PDF], Center of International Media Assistance, Washington, Estados Unidos, 2010.

Traducción: Luna Bolívar Manaut

El texto refleja la opinión de los autores, la cual no ha de coincidir necesariamente con la de este sitio

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