«Éste no es un trabajo de llanero solitario»

17. junio 2010 | Por | Categoria: primer plano

Comparte premio con Anna Politkovskaya, Raúl Rivero y otros periodistas que “han arriesgado la vida” por la libertad de prensa: la chilena Mónica González vivió la dictadura de Pinochet y sus cárceles sin dejar de informar.“Es una responsabilidad tremenda, tremenda. ¡Tengo que honrar este premio!”, dice Mónica González, en la actualidad directora del Centro de Investigación e Información Periodística de Chile (CIPER). La UNESCO acaba de concederle el galardón Guillermo Cano, según el jurado, porque probó “su coraje al mostrar el lado oscuro de Chile”.

González se marchó al exilio en 1974. A su país volvió cuatro años más tarde y desde entonces no cesó de meter el dedo en las llagas de la dictadura de Augusto Pinochet. Estuvo encarcelada entre 1984 y 1985, pero ni las intimidaciones ni el miedo pudieron quebrar su voluntad periodística.

Hoy, es una veterana en las trincheras de la indagación; imparte cursos en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y desde su puesto privilegiado al frente del CIPER sigue dedicándose a lo que le gusta, el “periodismo independiente”. “Es lo que siempre he hecho. Es lo que sé hacer”, le cuenta a re-visto.

re-visto: ¿Cómo se practica el periodismo de investigación en una dictadura?

Mónica González: Es más difícil que en circunstancias normales, obviamente, porque las fuentes están cerradas, porque hay amenaza constante, porque se vive el miedo en cada minuto. Pero también hay una mística y una fuerza que no existe en tiempos normales y que te alimenta y te mueve a hacer cosas que después, cuando las repasas, dices ‘¿cómo fui capaz?’.

De los muchos casos en los que estuvo usted envuelta durante aquella época, ¿recuerda alguno especialmente?

Sí, hay uno muy especial. En 1984, un soldado de la fuerza aérea fue a buscarme a la revista donde trabajaba porque necesitaba hablar. Intentó acercarse a mí durante varios días hasta que logró entrar en contacto conmigo.

Cuando por fin nos reunimos, me contó lo que había pasado con más de 23 detenidos/desaparecidos que hasta ese momento- y durante más de 11 años- oficialmente nunca habían estado presos. Me lo describió con todo lujo de detalles sin decir ‘yo escuché’ o ‘me contaron’. No. ‘Yo torturé’, ‘yo apliqué electricidad’… cómo la aplicó, cómo quien muere por la aplicación de electricidad y toma agua en una ducha queda tieso, y entonces él debe partir el cadáver con un serrucho.

Es horroroso oír hablar a un hombre al que el olor a muerto ya no le deja dormir, ni hacer el amor, ni mucho menos acariciar a sus hijos. Y no se refería a personas que yo no conociera: muchos eran amigos míos.

Quería entregarse a su regimiento y yo decidí que había que salvarle la vida: era un testimonio judicial viviente, era la prueba- y nosotros pensábamos que llegaría el momento de la Justicia- de lo que habían hecho los torturadores y los asesinos. Así que logré que lo sacaran clandestinamente de Chile.

Es el único desertor de los servicios de inteligencia del terrorismo de Estado que hemos tenido. Y ese hombre era hijo de campesinos. No nació, ni creció, ni recibió el cariño de sus padres para ser un asesino, y mucho menos un torturador, alguien que- como él mismo narró- atravesaba cuerpos con un corvo antes de lanzarlos al mar desde un helicóptero.

No. Ese hombre nació para ser bueno, para cultivar la tierra, y fue una máquina de muerte la que lo convirtió en eso. Él me cambió. Me enseñó que había que buscar las claves de la máquina para impedir que vuelva a desarrollarse de manera que ya no la puedas parar.

¿Cómo se superan psicológicamente este tipo de situaciones, de historias?

Nadie se prepara para esto. Sólo lo haces porque cuentas con una red de solidaridad a tu alrededor, constituida por tus colegas periodistas, por amigos y, fundamentalmente, por miles de ciudadanos que te aportan datos, nombres, direcciones, hechos… arriesgando su vida para que la verdad salga a la luz. Éste no es un trabajo de llanero solitario.

¿Trataba usted realmente “mostrar el lado oscuro de Chile”?

No, jamás. Yo amo mi país. El monopolio de la maldad no lo ostentamos ni los chilenos, ni los alemanes, ni los españoles… el mal está en todas partes, el lado oscuro se encuentra en todos nosotros y una máquina como de la que hablaba antes, o mejor dicho un sistema, puede llevarnos a desarrollarlo.

Los chilenos tenemos lados maravillosos: solidarios, fuertes. Yo crecí viendo a obreros orgullosos de contribuir a edificar edificios, fábricas y casas; a lustrabotas orgullosos de hacer brillar los zapatos. Crecí sabiendo respetar al hombre que me vende las verduras y las frutas. Y ese Chile fue dominado por una bota militar unida al poder económico, que quiso aplastar lo más noble de este país. En ese momento ves el lado más horrible y, al mismo tiempo, el más magnífico: a diario tuve la oportunidad de contemplar grandes gestos de heroísmo. En la extrema debilidad, conocí lo peor y lo mejor del ser humano.

¿Es investigar hoy una tarea más fácil de lo que lo era en los tiempos de Pinochet?

Depende. Hay países- por suerte no Chile- en los que hoy día se arriesga la vida peor que antes. México es uno de ellos, Guatemala es otro, pero también Honduras, Colombia… en esos lugares hay periodistas heroicos, muy heroicos, porque ni siquiera cuentan con la solidaridad mundial. Todo el mundo piensa que trabajan en democracias, pero no es así: esos países conviven con una cantidad de muertos que supera el balance de las dictaduras más horrorosas.

Pero incluso allí donde hacer preguntas no cuesta la vida parece que el periodismo de investigación está en crisis…

Bueno, eso es porque estamos atravesando una crisis general del periodismo, en la que Internet juega un rol muy importante. La Red ha revolucionado el modelo de negocio y los medios han empezado a deshacerse de lo más caro, que es la investigación, despidiendo a los periodistas mejor capacitados para escudriñar aquello que se quiere ocultar.

Y si eliminas de tus redacciones a las personas con mayor talento en esta tarea, lo que te queda son periodistas sumisos, con los que los grupos económicos que hoy concentran la propiedad de los medios pueden aplicar un sistema en el que no hay censura oficial pero sí una autocensura absoluta.

Existe un círculo vicioso muy incestuoso que asocia al poder político, al poder económico, a veces incluso al crimen organizado, con los medios de comunicación y que está asfixiando la libertad de prensa. Pero, fundamentalmente, está convirtiendo nuestro trabajo en una profesión mediocre: nos torna miedosos, atemorizados, nos obliga a ser ‘multimedia’. No podemos hacerlo todo bien. Si continuamos con esta multiplicidad de funciones, con esta telaraña de redes ocultas, van a destruirnos.

Y eso en el CIPER es diferente…

Sí. Yo no podría trabajar bajo la censura o la autocensura. Me gusta el periodismo independiente y tampoco sé hacer otra cosa. Soy consciente de que CIPER es un lujo, un privilegio que pagamos con rigor: trabajando mucho más de lo que trabaja un periodista normalmente.

El éxito de los blogs, del periodismo ciudadano… ¿refleja que la gente está buscando algo que ya no encuentra en el periodismo tradicional?

Yo creo que la gente busca buen periodismo y no creo que los blogs y el periodismo ciudadano sean el último reducto del periodismo de calidad.

La diferencia entre un ciudadano que cuenta lo que está ocurriendo, lo que está viendo desde una esquina, y un periodista es infinita. El periodista toma ese hecho y escudriña su origen, estudia sus efectos, recopila los lazos que tiene con otras situaciones irregulares y le entrega al lector un producto con el que puede entender lo que pasa en un corto periodo de tiempo.

Cierto, pero si el periodista trabaja para un medio que no le concede el tiempo necesario para dar con orígenes y lazos, al final no le ofrece al lector más que el blogger o el ciudadano…

Yo quisiera preguntarle a cualquier periodista si alguna vez el buen periodismo lo han pagado los empresarios. Para ser francos, el buen periodismo lo paga el periodista sacrificando tiempo a la familia, al descanso, al amor. El buen periodismo, generalmente, es un costo al periodista, porque la sociedad no toma en sus manos como un bien público la necesidad de contar con buenos medios que respeten esta profesión. Y eso es lo que se ha ido deteriorando, porque antes sí se valoraba.

Y tiene toda la razón, el tiempo es lo que más escasea. Busquemos cómo encontrar ese tiempo, mostremos que las buenas historias son capaces de cautivar audiencias.

¿Cree que la sociedad se dará cuenta de la importancia de los medios independientes y del periodismo de calidad cuando los haya perdido?

¿Sabe qué? Yo soy muy optimista. Yo creo que el periodismo no va a morir porque somos demasiados los periodistas con pasión y ganas. La sociedad debe exigir, pero exijamos primero nosotros mismos. No es el momento de andar lloriqueando, quejándose, sino de ponerse a trabajar antes de que sea demasiado tarde.

Entrevista: Luna Bolívar

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3 comments
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  1. Interesante entrevista a una mujer que en sus expresiones denota pasion por el periodismo, y coincido en que esta profesion no va morir porque somos muchos los que la amamos y respetamos, y aunque nuestra profesion este en crisis, existen periodistas concientes del rol que debemos cumplir, yo confio en el legado de destacadas mujeres y hombres como Monica que serviran para emularlos.

  2. […] Comparte premio con Anna Politkovskaya, Raúl Rivero y otros periodistas que “han arriesgado la vida” por la libertad de prensa: la chilena Mónica González vivió la dictadura de Pinochet y sus cárceles sin dejar de informar. Esta veterana reflexiona de cara al oficio en una entrevista de Re-Visto […]

  3. felicitaciones desde Casma, Peru, a la colega chilena que merecidamente obtuvo el galardón. Acá también sufrimos la dictadura ladrona y asesina de Fujimori y Montesinos. Sólo la tenacidad de verdaderos periodistas, aquellos que no estuvieron vendidos al poder, se conoció los crímenes y robos de estos delincuentes que ya están en prisión.
    Claro que hay periodistas conscientes del papel que jugamos , que sacrificamos a la familia por seguir tras la verdad que abre sentimientos y cerebros. Por eso confianos que el poder siempre tendrá un periodista honesto que le siga los pasos de la corrupción.