“Internet es nuestra única vía de comunicación”

27. abril 2010 | Por | Categoria: Tribuna

wr1

A sus 24 años, Andrei Kim conoce ya las cárceles bielorrusas por dentro- siete meses pasó en una de ellas. Hoy, este activista y blogger sigue oponiéndole resistencia al régimen de Alexander Lukashenko. Una tarea difícil de imaginar sin la Red, dice.

Cuando en 1994, una vez desintegrada la URSS y pasado el periodo inicial de readaptación, Alexander Lukashenko llegó al poder en Bielorrusia, Andrei Kim tenía 8 años. Ahora acaba de cumplir 24, y “el último dictador de Europa” sigue en su cargo.

“Durante las elecciones presidenciales de 2006 me quedó claro que tenía que hacer algo por la democracia en este país”, recuerda Kim. Los comicios despertaron ciertas esperanzas entre los contrarios al régimen- la oposición bielorrusa, por lo general dividida y enfrentada, había logrado nombrar a un candidato común y éste conseguido cierta popularidad.

Kim participó en mítines, se involucró en el proceso político. Al final, Lukashenko, sirviéndose de inteligentes trucos, de su control sobre el aparato estatal y seguramente de la manipulación, obtuvo el 82,6 % de los votos. “La consecuencia para mí”, dice Kim, “es que me echaron de la Universidad, y pasé mis primeros 12 días en prisión”.

En 12 días no se quedaría la cosa. Andrei Kim es desde entonces enemigo declarado del sistema- una especie de “comunismo del siglo XXI”. Sin posibilidad de continuar su formación, Kim se puso, a través de su blog y de las redes sociales, por completo al servicio de la causa política. Ésta le hizo merecedor en 2008 de una sentencia a un año y medio de cárcel- extraoficialmente, oficialmente Kim fue condenado por agredir a un agente de tráfico, “y tendría que haberlo visto”, ríe, “¡ése hombre era dos veces más grande que yo! Fue todo un honor que consideraran que yo podía llegar a hacerle daño”.

Después de siete meses, y presionado por una campaña internacional de solidaridad que recorrió la Red, el gobierno bielorruso puso a Kim en libertad. En Minsk, re-visto habló con él.

Usted es un opositor, un activista en contra del régimen de Alexander Lukashenko, ¿qué papel juega Internet en esto?

Andrei Kim: Internet es fundamental. Todas nuestras actividades las organizamos a través de la Red- y no siempre se trata de cuestiones políticas, a veces son simples eventos divertidos con los que tratamos de romper la barrera mental en las cabezas de muchos jóvenes bielorrusos.

Aquí, la gente está como sedada, no concibe la idea de salir a la calle y hacer algo sólo porque le apetezca. Por ejemplo, el año pasado organizamos una batalla de cojines y dejamos a todo el país perplejo: a la prensa, a los mismos jóvenes… y sobre todo a nuestras autoridades y al cuerpo especial de policía, que vino a ver lo que hacíamos y se quedó en estado de shock [risas].

En esto, las redes sociales como Facebook, e Internet en general, juegan un papel central. En Bielorrusia no existe ningún otro medio a través del cual poder expresarse libremente. Los periódicos, la televisión, la radio… están completamente controlados por el Estado. El gobierno acaba de aprobar una nueva ley para los contenidos digitales, pero hasta ahora no ha logrado ponerle coto a la Red.

¿Y si lo consigue con la nueva legislación…?

Pues no sé. Internet es el único modo que tenemos de comunicarnos- no podemos poner un anuncio o algo así.

Nosotros somos una especie de asociación. Ponemos en marcha actos como el que contaba antes, pero también campañas de concienciación social. Muchas veces servimos de apoyo a gente quiere hacer cosas, mover algo. Hace poco, por ejemplo, contribuimos a un proyecto a favor de la protección de los animales.

Pero, en Bielorrusia, todas las organizaciones que no están registradas son ilegales, y el gobierno siempre encuentra motivos para negarte el registro. Así que nosotros estamos fuera de la ley. Oficialmente no existimos. Aunque tuviéramos dinero para pagar espacio televisivo, no podríamos comprarlo. Tampoco tenemos acceso a los canales de difusión de las instituciones oficiales, como las agrupaciones juveniles en las universidades.

La única vía de la que disponemos para entrar en contacto con la gente es Internet. En incluso a nivel de nuestro trabajo interno la Red es importante: muchas veces, cuando tenemos que tratar algo, nos encontramos en Internet.

Su blog está en ruso, para los que no lo entendemos, ¿sobre qué escribe?

Principalmente sobre mí y sobre mi vida y en segundo lugar, trato de referirme a asuntos públicos: si creo que hay que advertir sobre algo o cosas por el estilo, lo pongo en mi blog.

Pero la verdad es que cada vez lo uso menos. Facebook, y sobre todo su versión rusa, Vkontakte -que es una página muy usada en Rusia, Ucrania y aquí en Bielorrusia-, se adaptan mejor a nuestras necesidades, que básicamente son la comunicación, estar en contacto con la gente, organizarnos… para estos fines, las redes sociales son más rápidas y prácticas que un blog.

¿Pero sigue manteniendo relación con el mundo blogger?

Sí, sí, claro.

¿Le apoyó cuando estuvo en la cárcel?

Sí. Muchos bloggers escribieron sobre mí y pusieron las noticias relacionadas conmigo entre sus entradas tops, de manera que se distribuían muy rápido porque es lo que más lee la gente, existen listas con los tops de los diferentes blogs, etc. Y no sólo me apoyaron bloggers bielorrusos, también muchos amigos rusos y, como hubo gente que tradujo la información al inglés, se organizó en Internet toda una campaña internacional a mi favor. Yo no pude seguirla. Desde la cárcel tenía dificultades para leer mi correo y actualizar mi perfil de Facebook [risas].

¿Y recibió ayuda de organismos internacionales?

Sí. Me ayudaron a encontrar un abogado, y también lo financiaron, porque ni yo ni mi familia nos hubiéramos podido permitir pagarlo.

Además, ejercieron presión sobre el régimen. Oficialmente, en Bielorrusia hoy por hoy no hay presos políticos. La táctica que usa el gobierno cuando quiere meter a algún disidente en la cárcel es acusarlo de cualquier crimen común- desde tráfico de drogas, hasta actividades terroristas, pasando por agresión a la autoridad, como fue mi caso.

Pero Human Watch Rights reconoció mi estatus de prisionero político y eso sometió a Lukashenko a mucha presión. Las organizaciones bielorrusas encuentran grandes dificultades a la hora de dialogar con las autoridades, por eso necesitan intermediarios, y ése es el papel que juegan los organismos extranjeros.

¿Cómo son las condiciones en las prisiones bielorrusas?

Horribles, violan todos los derechos humanos. Y es importante subrayar, como decía antes, que en las cárceles bielorrusas no sólo hay criminales. Aquí las prisiones son un modelo a escala reducida de la sociedad: hay gente mala, gente buena, policías, hombres de negocios, ¡de todo!

Por ejemplo, conmigo en cárcel había un hombre muy rico, un empresario que un día decidió abrir una fábrica y cometió el error de no pagarle a las autoridades la cuota que le exigían por su seguridad. La empresa iba bien, todo perfecto, pero acabaron condenándolo a seis años. ¡Éste es un país de locos!

Con 24 años, sin estudios y sin posibilidad de volver a la Universidad, estigmatizado por el régimen… ¿Qué tipo de futuro ve usted?

Uno sin nubes en el cielo [risas]. No, hablando en serio: ahora mismo acabo de salir del hospital porque este verano la policía especial me dio una paliza. ¡Por supuesto que no es agradable! Pero creo que lo que hago es importante y, ahora mismo, esta lucha significa para mí más que mi propia salud y más que cualquier perspectiva de futuro. De momento, es lo único que me importa.

¿Por qué le pegaron?

Participaba en una manifestación en señal de solidaridad con la gente desaparecida por el régimen, y me crucé en el camino de uno de los policías que trataban de frenar la protesta. Es difícil explicar el porqué; no hay un motivo. No quiero mentir, ni exagerar las cosas, pero creo que los agentes especiales disfrutan pegándole a la gente.

Entrevista: Luna Bolívar

[Post to Twitter]  [Post to Delicious]  [Post to Digg]  [Post to Ping.fm] 

Tags: ,

Comentarios cerrados