“El modelo de financiación del periodismo ya no se sostiene”

10. Abril 2010 | Por stl | Categoria: Tribuna

La labor principal del Center of Investigative Reporting (CIR) es sacar a la luz fallos en el funcionamiento político. Robert Rosenthal dirige desde hace dos años este organismo sin ánimo de lucro. Con él hablaron Leif Kramp y Stephan Weichert.

El sector periodístico se encuentra sumido en una profunda crisis, ¿qué lección podemos sacar de esto?

Robert Rosenthal: A mí me ha abierto los ojos. Yo soy uno de los primeros a los que echaron- fue en 2001, al principio de la ola de despidos masivos que todavía hoy continúa. En aquel momento, tomé una decisión muy personal: ningún periódico volvería jamás a dejarme en la calle. Tenía demasiada fe en los ideales del periodismo como para eso. Me fui a San Francisco y empecé a trabajar de editor en el Chronicle. Pero tampoco eso funcionó del todo, lo que igualmente estaba relacionado con el desplome general del sector.

De pronto, los periódicos habían dejado de ser un lugar en el que poder desarrollar cosas, experimentar y realizar ideas. Así que me marché al Center of Investigative Reporting con la intención de darle forma a un nuevo modelo para esta profesión, sobre todo en el marco de la cobertura investigativa.

¿Y qué balance saca de lo alcanzado hasta ahora?

En los últimos años, hemos logrado recaudar dinero suficiente para avanzar considerablemente en nuestros objetivos. La mayor parte de los fondos procede de fundaciones estadounidenses. Las donaciones nos permiten contratar a reporteros jóvenes. En total, son diez los periodistas dedicados intensamente a diversos proyectos de investigación en toda California, ¡y sólo para ocupar esos diez puestos nos llegaron más de 700 currículos! Para nosotros es fantástico, pero es un triste reflejo de lo que está sucediendo en el periodismo en Estados Unidos.

Por lo demás, estamos expectantes ante todo lo que esperamos poder llevar a la práctica- es, sin lugar a dudas, algo muy innovador.

¿Qué es exactamente lo “innovador”?

Estamos buscando nuevas vías para contar historias. Todo el ámbito de la cobertura informativa sin ánimo de lucro es muy dinámico. Hay muchas ideas y mucha gente que quiere cambiar y mejorar las cosas. Nuestro modelo prevé la colaboración con los grandes consorcios mediáticos. Nuestro objetivo es cooperar con las empresas de comunicación y conseguir que la mayor cantidad de gente posible vea o escuche lo que hacemos.

Utilizamos todos los formatos- impreso, televisivo o radiofónico. Hace dos años, por ejemplo, informamos de manera destacada sobre la financiación de la campaña electoral estadounidense a través de NPR, la red de radiofonía pública de Estados Unidos. También trabajamos con Los Angeles Times, que no deja de ser uno de los periódicos más influyentes de California. Pero el concepto verdaderamente innovador que queremos seguir desarrollando es el convertir historias impresas en reportajes multimedia, que después puedan descargarse, por ejemplo, como vídeos para el teléfono móvil.

¿Cree usted que los medios sin ánimo de lucro pueden frenar realmente la pérdida de calidad que está sufriendo el periodismo?

Yo creo que sí. A mí me parece que organizaciones como la nuestra o ProPublica en Nueva York sí que marcan ciertas diferencias. En realidad, necesitamos muchas más iniciativas de este tipo y poco a poco van apareciendo. E incluso creo que habría que instituir a nivel nacional un sistema unitario para esta forma de hacer periodismo. Para eso es importante que los medios de comunicación grandes nos tomen en serio y nos abran sus puertas. Son ellos los que necesitan el periodismo de investigación con más urgencia para poder mantener su estatus. Soy optimista y creo que este granito de arena en el desierto o, como dicen los estadounidenses, este ‘escupir en el océano’, es el principio de un movimiento masivo que va a volver a darle prioridad a la calidad y al contenido.

Pero, ¿quién va a financiarlo?

Los mecenas y donantes no son una fata morgana- me he dedicado recaudar dinero para el próximo año y medio del Center of Investigative Reporting y la gente ya no sólo te dice que es una buena idea. ¡No, hemos sido capaces de reunir una cantidad considerable de fondos para nuestro portal California Watch: nada más y nada menos que 3,5 millones de dólares! Y aún no hemos tocado fondo. No estamos ante una ilusión. Cada vez son más las fundaciones que se dan cuenta de que el número de periodistas baja y de que la transformación del valor de la prensa en nuestras democracias es un tema que nos afecta a todos.

¿Qué efectos tiene esto sobre la creciente pérdida de identidad del periodismo profesional?

En una época en la que el periodismo está viéndose sometido a profundos cambios, parece que el interés en este asunto crece continuamente. Se plantean interrogantes como si un blogger es un periodista; si Twitter es un mero instrumento de marketing o un medio útil para difundir un artículo o cómo usar las redes sociales.

Nosotros tratamos de responder a estas preguntas integrando las ventajas de las nuevas tecnologías y formas de expresión en nuestro trabajo periodístico. Sondeamos qué cosas son posibles. No sólo escribimos para un medio impreso, sino que nos servimos de la interactividad para llegar a nuestro público. También los usuarios han aumentado sus expectativas acerca de cómo quieren que los medios los contacten.

Y está claro que éste es un tema internacional y no sólo algo sobre lo que nos rompemos la cabeza aquí en California. Los alemanes reflexionan tanto como nosotros sobre estas cuestiones. Y eso es exactamente lo que necesitamos para encontrar soluciones: optimismo.

¿Nos puede explicar cómo hace su gente uso de herramientas como Twitter o los blogs?

En el momento en el que un periodista utiliza una red social para ‘bloguear’, abandona la comunicación unidireccional: no sólo informa al público, sino que establece con él un diálogo. El periodista deja de ser el mero experto en un tema determinado para recibir la oportunidad de conocer mejor a quien le lee y descubrir qué cosas le interesan. No sólo le cuenta algo a los usuarios, sino que éstos le sirven a la vez de fuente.

Por supuesto que la información obtenida debe ser contrastada detenidamente para evitar datos falsos o manipulados. Pero la ventaja es que, en Internet, los periodistas pueden participar de diferentes grupos y establecer toda una red de contactos usando, por ejemplo, los ‘followers’ o los ‘friends’. Estos ya no sólo se agrupan entorno a los grandes grupos mediáticos, sino que se organizan en función de los ámbitos de interés. A una institución pequeña como la nuestra le resulta especialmente fácil dar con la capacidad y la disposición a experimentar intensamente con las posibilidades que ofrecen este tipo de redes.

¿Por qué les resulta especialmente fácil?

La respuesta es evidente: en una redacción grande, las innovaciones van mucho más lentas y su proceso de implantación es mucho más complicado que en una organización como la nuestra. A nosotros no nos importa si al final resulta que una nueva tecnología por la que habíamos apostado no es útil. Como somos pequeños y pocos, podemos permitirnos el lujo de lanzarnos sin más a la experimentación y crear cosas nuevas.

Además, nuestra intención no es ganar dinero. Por supuesto que nos gustaría generar ingresos suficientes para poder mantenernos algún día por nosotros mismos, pero no nos orientamos a la obtención de beneficios ni a aumentar nuestro poder a través de ellos. Nuestro único objetivo es convertirnos en salvaguardas públicos y ejercer influencia sobre la política gracias a la cobertura informativa que realizamos.

Al contrario de la ya mencionada organización ProPublica, ustedes han apostado principalmente por los periodistas jóvenes, ¿por qué?

Revisamos cientos de currículum antes de decidir la composición de nuestra redacción. Nuestro objetivo era conseguir una mezcla de personalidades y expertos en diversos campos. Podríamos haber contratado sólo a gente que hubiera ganado como mínimo dos Pulitzers- teniendo en cuenta el interés despertado, hubiera sido posible. Pero nos decidimos sólo por unos pocos periodistas con mucha experiencia que nos pudieran ayudar a formar un buen equipo de gente joven, dedicado especialmente al periodismo multimedia.

Como ya he dicho, lo que nosotros queremos es transmitir contenidos usando las nuevas herramientas del periodismo. Para eso necesitamos a gente que en las redes sociales se sienta como en casa y que conozca las posibilidades tecnológicas actuales. En nuestra organización, la innovación no es una palabra vacía.

Además de eso, colaboramos con la Annenberg School of Communication de Los Ángeles en la realización de algunos proyectos realmente interesantes, y estamos en contacto con la Brekeley School of Journalism y las universidades de Stanford y San Francisco.

¿Qué tipo de proyectos son los que llevan a cabo con los estudiantes de peridismo?

Los temas van desde cuestiones jurídicas relacionadas con la inmigración hasta las inversiones millonarias en materia de seguridad, pasando por asuntos como el ‘triángulo del negocio’ con la economía del carbón. Desarrollamos vías para presentar estos temas en un formato multimedia que incluya imágenes, sonido y texto –ya se trate de páginas web o de documentales. En California nos concentramos en el ámbito educativo, pero la mayor parte de nuestro presupuesto la destinamos a destapar fallos políticos.

Todo lo que cuenta apunta a que existe un verdadero entusiasmo entre los periodistas jóvenes, ¿no resulta paradójico en tiempos de crisis?

Cuando uno trabaja para un medio de comunicación y lo único que escucha todo rato es que la empresa pierde dinero y no hay perspectivas de mejora, cuando no deja de ver como despiden a un compañero tras otro, el trabajo se vuelve duro, te roba la energía. Yo mismo lo he vivido. Se te quitan las ganas de ir a la oficina, te sientes fracasado.

En las universidades es otra cosa: los jóvenes ven en la desintegración del sistema y las tecnologías actuales nuevas oportunidades. Están entusiasmados ante la posibilidad de desarrollar nuevos modelos. ¿Quién hubiera dicho que portales como Wikipedia, Youtube o incluso el Huffington Post llegarían a convertirse en semejantes transmisores de información? Ninguno de ellos existía hace cinco años.

Todos nosotros percibimos el espíritu de cambio, revolucionario: quizás dentro de un año, o a lo mejor el mes que viene, aparecerá una tecnología que ahora mismo nos resulta inimaginable y que nos ayudará a contar nuestras historias mejor de lo que lo hacemos hoy.

¿Cuánto tiempo cree usted que va a seguir el sector periodístico padeciendo esta crisis?

No lo sé. Podría decir algo, especular, pero la verdad es que no tengo ni idea. De lo que estoy convencido es de que estamos viviendo un renacer, una renovación, y de que hay mucha energía a nuestro alrededor. Y no sólo en el ámbito de las organizaciones sin ánimo de lucro. Recibo llamadas con frecuencia de grandes empresas que consideran que la información y el contenido son algo valioso. Nadie ha logrado desarrollar un modelo de negocio sólido, pero hay gente entre quienes se orientan al beneficio que vuelve a interesarse por la calidad. Todos ellos quieren participar de los cambios y están llevando a cabo sus propios experimentos.

¿A quién se refiere concretamente?

Mantenemos contactos a un nivel relativamente bajo con las municipalidades, pero también nos hablan fundaciones e incluso gente de Google.

¿No les podría llevar eso a la dependencia?

Hemos alcanzado un punto en el que el modelo de financiación tradicional de los medios ha dejado de ser sostenible. La financiación por medio de anuncios y ventas ya no funciona. Así que tenemos que buscar alternativas y superar la fase de cambio con modelos como el nuestro, basado en donaciones privadas y de fundaciones.

Espero que la política nunca nos influencie y que nuestro trabajo hable por sí mismo, que podamos seguir haciendo nuestras historias periodísticas sin que éstas tengan que doblegarse a una tendencia, ya sea de derechas o de izquierdas. Con el tiempo esta cuestión va a ganar con toda probabilidad en importancia. Pero está claro que, independientemente de lo que hagamos, siempre vamos a recibir críticas de alguna parte.

Retrocedamos por último a una cuestión fundamental, ¿por qué se necesita hoy en día el periodismo?

En mi opinión, hoy en día los periodistas son más importantes que nunca. Por todas partes recibimos cantidades gigantescas de información; vivimos en medio de la constante sobredosis informativa. Tratar la información y facilitar el acceso a la misma es la labor fundamental del periodista. La gente tiene que entenderse, y ésa es una de las funciones del periodismo.

Los periodistas somos un filtro; entramos en sitios a los que la mayoría de la gente no tiene acceso. Por supuesto que hoy cualquiera puede grabar un vídeo con su teléfono móvil y enviarlo desde casi todos los rincones del mundo. Pero hay ciertas cosas que sólo pueden hacer los periodistas: asumimos riesgos y, al contrario que la gente a título particular, nos sentimos en la obligación democrática de informar con veracidad y equidad acerca de las cosas que descubrimos.

Los periodistas fueron, son y seguirán siendo los vigilantes del poder, aquellos que alzan la voz contra ‘los de allá arriba’, ya sean gobiernos o empresas. Este papel es determinante para muchas personas, y ejercerlo no es una tarea nada sencilla. En algunas culturas puede resultar muy peligroso, especialmente allí donde se han establecido sistemas que concentran a un lado a todos los poderosos y al otro a todos los débiles. ¿Quién lucha por los que no tienen poder? Tradicionalmente lo han hecho los periodistas. Y así debe seguir siendo.

rosenthal-ptRobert J. Rosenthal dirige desde 2008 el Center for Investigative Reporting (CIR) de Berkeley, California. El CIR, fundado en 1977, es una organización sin ánimo de lucro dedicada a la realización de reportajes de investigación para medios impresos, digitales, televisión y radio. Antes de fichar por este organismo, Rosenthal fue corresponsal en el interior y en el exterior para diarios como The New York Times, The Boston Globe y durante 22 años para el Philadelphia Inquierer, así como los otros cinco que pasó ocupando el cargo de redactor en jefe interino del San Francisco Chronicle. Durante los años 80, Rosenthal informó con frecuencia desde el continente africano y desde el Líbano ocupado por Israel. Además, estuvo implicado en el destape del llamado “Pentagon Paper” (las actas secretas del Ministerio de Defensa estadounidense sobre la guerra en Vietnam). Sus reportes desde el extranjero le han hecho merecedor de diversos premios y distinciones periodísticas.

Entrevista:

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Leif Kramp trabaja como autor y docente en Berlín, Hamburgo y Nueva York. Es editor de varias revistas especializadas en temas de los medios de comunicación.

weichert

Stephan Weichert es profesor de periodismo en la Universidad para Medios y Comunicación Macromedia en Hamburgo y editor de varios libros sobre medios y periodismo

Focus-Online La entrevista original la ecuentran en la página de Focus Online

Traducción: Luna Bolívar

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2 comments
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  1. Felicidades a Robert J. Rosenthal, en realidad encontrar un nicho donde desarrollar lo que a uno le gusta hacer es loable. Totalmente de acuerdo, cuando se menciona que los periodistas somos los vigilantes del poder.
    saludos desde Quito

  2. Es un placer saber que hay más locos como nosotros en otras partes .
    http://periodismohumano.com/
    un abrazo en nuestro primer mes :)